Óscar nació en el seno de una familia humilde. Tercero de cinco hermanos, su infancia estuvo marcada por las figuras de sus padres. Ángel, su padre, trabajó en Unión Fenosa y como autónomo (en el negocio familiar). “Era una persona que dedicaba prácticamente todo su tiempo al trabajo, muy querido y respetado”, recuerda Óscar. Teresa, su madre, desprendía una energía vibrante.
“Mi madre destacaba como mujer valiente y luchadora allí donde estuviera. Era muy adelantada a los tiempos que le tocó vivir”, reconoce Óscar con una mezcla de complicidad, orgullo y nostalgia. De ella ha heredado esa faceta comercial innata, el gusto y la facilidad del contacto directo y una sociabilidad extrema que constituye su mayor seña de identidad.
Su muerte, con tan solo 59 años, le marcó y afectó mucho. Óscar era muy joven por aquel entonces y se apoyaba mucho en ella para hablar de negocio. “Mi madre era atrevida y muy fuerte, de esas personas potentes que te dan seguridad. Me repiten mucho que soy igual que ella, pero qué va, no le llegaré ni a la altura de los talones”, asegura Óscar con admiración y una sonrisa.
Los padres de Óscar regentaban una tienda de muebles, electrodomésticos y “cosas” —como así lució durante muchos años el luminoso en la fachada— en Arganda del Rey, una localidad cercana a Madrid.
Con la idea de ayudar a que los hijos se labrasen un futuro laboral, abrieron una pequeña ferretería generalista en un local alquilado. Ahí es donde Óscar dio sus primeros pasos profesionales y donde vio, mientras estudiaba en turno nocturno, la oportunidad de comenzar un proyecto profesional, si le daba un giro de 180 grados.
“Visualizaba una oportunidad de negocio con mucho potencial, pero había que darle un giro radical hacia el profesional, a empresas, al sector industrial, y Arganda era una de las zonas más industriales de Madrid”.
Sus padres querían cerrar esa pequeña ferretería, porque sufría pérdidas y estaba ubicada en un local de renta antigua pero poco comercial. Óscar ayudaba en la tienda siempre que podía, le gustaba, pero no veía negocio vendiendo jaulas, clavos, pilas y bombillas a los vecinos de la zona. Con solo 18 años decidió hablar con sus padres y les pidió que le vendieran el material y le ayudaran avalándole con su primer crédito de 200.000 pesetas para iniciar el proyecto que visualizaba.
Con un enfoque y una determinación muy clara —algo que siempre le ha caracterizado—, devolvió ese crédito en muy pocos meses, en lugar de los cinco años pactados. Entonces no existían ni los teléfonos móviles ni internet, y la cooperativa Comafe le convertía en más eficaz y competitivo. Pronto comenzó a trabajar con las empresas más fuertes de la zona sureste, con un servicio excelente gracias a la cooperativa y al sacrificio diario.
Ángel: su socio, hermano y cómplice
Resulta imposible entender la trayectoria de Óscar sin la figura de su hermano Ángel. Ángel jugaba en el Atlético Madrileño en segunda división con tan solo 17 años, aunque se pasó a la división de honor de fútbol sala para asegurarse un sueldo que necesitaba, ya que se casó muy joven. Entre entrenamientos y viajes, siempre estaba ayudando a Óscar.
“Ángel marcó mi vida; era mi socio, mi hermano del alma, mi amigo, mi cómplice, a quien más he admirado. Una de esas personas que son especiales. Representaba la paz, siempre alejado del conflicto, con unos valores humanos que marcaban su personalidad y un trabajador incansable. Como empresario, era lo opuesto a mí: muy conservador, evitaba cualquier inversión que llevara riesgo”.
En 1997, compraron la primera nave industrial en el polígono con un crédito a 20 años. Los hermanos también recurrieron a amistades cercanas que les ayudaron sin ningún interés. “Jamás olvidaré mis orígenes ni de dónde vengo. Siempre estaré agradecido a los proveedores que confiaron en nosotros y nos ayudaron”, asevera.
Fue en esa época cuando Óscar convenció a su hermano Ángel para que entrara de socio y crearan Madriferr, el proyecto industrial que ya vislumbró Óscar con apenas 18 años. Juntos vivieron la etapa más dura y hermosa: la del crecimiento, la de “sufrir” juntos de sol a sol para levantar una empresa desde una furgoneta 2CV, que compartían y se turnaban los fines de semana. Recuerda Óscar que al 2CV la llamaban “Currutaca super sport”, porque llevaba esas letras adhesivas como un rótulo y se hizo muy conocida la “currutaca”, que después exhibió en uno de sus puntos de venta.
Sin embargo, el destino golpeó con crueldad en 2004, con la injusta e inesperada muerte de Ángel con tan solo 39 años. “No sé, todo ocurrió muy rápido, me partió por la mitad, me destrozó…”. Fue ahí cuando Óscar se planteó vender la empresa.
Acababan de comprar la tercera nave industrial y la empresa ya contaba con cerca de 40 trabajadores. Óscar se hundió en un vacío inmenso, pero Ángel, siendo consciente de la gravedad de su enfermedad, dedicó el poco tiempo que le quedaba para preparar a su familia y a su hermano a encajar su ausencia. En un alarde de lucidez y con mucho esfuerzo, animó a Óscar a seguir adelante con el proyecto compartido. Óscar cumplió su palabra, integró a sus sobrinos, que eran muy pequeños, como socios y preservó el legado familiar durante años.
Romper el gris: innovación y “Gin Corners”
Madriferr no quería ser un suministro más, envuelto en polvo y en el color gris, con olor a tornillos. Óscar se propuso crear un modelo de negocio donde el cliente viviera una experiencia de compra diferente, mediante espacios teatralizados que entonces no existían en el sector. También afianzó la cooperación con los fabricantes más importantes, a través de la implantación de boutiques y córner en la sala de ventas. Estos espacios ofrecían al cliente exposiciones únicas y novedosas a la altura de las tiendas de perfumes, calzado o de marcas de ropa, con personal especializado por familias de producto y con puntos de venta totalmente abiertos al cliente.
Se trataba de un modelo de negocio similar a los actuales centros de El Corte Inglés, pero, en aquella época y en naves industriales, supuso toda una revolución. “Disfruté mucho creando novedades divertidas en un sector en el que, en esos tiempos, aquello sonaba a ciencia ficción. No entiendo que en nuestro sector no se cuide ni se dé importancia a la imagen y al detalle”, explica.
Ya en el año 2000 introdujo los mostradores redondos y rompió las barreras físicas que históricamente separaban al vendedor del cliente y del producto guardado en el almacén. Pero la verdadera disrupción llegó con la creación de naves industriales con ambientación y propuestas completamente desconocidas, en los que se otorgaba importancia a la música, al sonido, al olor, al color, a la luz… Unos suministros donde se ofrecía formación a los clientes en unas salas dedicadas exclusivamente para ese uso, donde los fabricantes presentaban novedades y ayudaban a los profesionales.
En Madriferr todos los días se invitaba a los clientes a desayunar chocolate o café con churros, con un espacio de biblioteca a su disposición con todos los catálogos de las marcas. También creó un Gin córner para invitar a degustaciones, y dispuso de sala de demostraciones y pruebas, así como espacios que daban sentido a una ciudad, con calles señalizadas, plazas, etc. Todo, asesorado por profesionales especializados, con exposiciones de motos clásicas, coches e incluso la recordada “Currutaca”.
En 2006 Madriferr da un salto en su cifra de negocio al introducir su parte internacional y crear una sólida red comercial a nivel nacional. “Madriferr es hoy uno de los suministros industriales más importante de España”, asegura con orgullo.
La ética del 10 % y la venta a Rubix
Al preguntar a Óscar por alguna anécdota que no olvida, revela su faceta más humana. Durante una dura crisis económica generalizada, se produjo un momento crítico, en el que sus asesores no le dejaban otra salida que despedir a varios empleados, puesto que estaban entrando en pérdidas. Óscar sufrió tanto que, después de tener que despedir a personas por las que sentía mucho cariño, se encerró en su despacho y no pudo evitar las lágrimas y sufrir pensando en la situación en que se quedaban esas familias.
Ese mismo día, Óscar reunió a todos los trabajadores, les explicó la situación y les propuso un acuerdo: “Chicos, he dado mil vueltas para intentar no perjudicar ni despedir a nadie por esta crisis que estamos sufriendo. Os propongo que, si bajamos el sueldo temporalmente un 10 % y yo me lo bajo a la mitad, tenéis mi palabra de que no hay ningún despido y mañana vuelven los compañeros que me vi obligado a despedir hoy, y con mi compromiso de que este dinero lo recuperaréis y también vuestro salario actual”.
El equipo no lo dudó y aceptó de forma unánime. Los afectados por los despidos se incorporaron el día siguiente. “Nos recuperamos con mucho esfuerzo” y, apenas 4 meses después, Óscar cumplió su promesa: todos cobraron la cantidad íntegra de esa reducción y sus salarios.
Óscar tiene su propia manera de gestionar equipos y personas. “El éxito de Madriferr no es un logro mío. La clave se encuentra en el equipo de personas, con un valor humano y profesional que valoro mucho. En todo momento he sentido implicación y lealtad hacia la empresa, hacia los compañeros y a mí directamente. Como CEO, tenía un poder de decisión importante, pero las decisiones no las tomaba de forma individual, sino que contaba a mi lado con un equipo muy profesional. Nunca me he sentido como un ‘jefe al uso’”.
Esa misma ética marcó la venta de Madriferr a Rubix en 2023. Óscar tuvo encima de su mesa una oferta ligeramente superior a la de Rubix, 600.000 euros más, pero la rechazó al saber que implicaría el despido de algunos compañeros por motivos de optimización. Entonces decidió vender sus acciones a Rubix, porque consideró que la plantilla completa contaría con un futuro más sólido: “Se lo merecen”, confiesa.
Rubix adquirió el 100 % de las acciones de Óscar Madrid y “se llevó lo más valioso de la compañía, un excelente equipo humano y profesional”.
Comafe y Ancofe: la revolución de la profesionalidad
El papel de Óscar también se fraguó en las instituciones, donde su paso es calificado por él mismo como “tiempos de cambios necesarios que levantaron revoluciones”. Asumió la presidencia de Comafe por dos motivos. El primero, porque se lo pidieron varios socios y en esos duros momentos no podía negar su aportación. Y el segundo, porque, como repite constantemente, “debía mucho a Comafe y siempre le estaré muy agradecido”.
La situación que se encontró en Comafe era delicada. “Corría el año 2010 y veníamos de sufrir una crisis reciente económica muy dura”. Asumió la presidencia con la condición de renovar el consejo rector por completo con empresarios que representaran toda la geografía y con consumos, con ganas de aportar, una mezcla de gente joven y con sabiduría.
Su transparencia y sinceridad le llevaron a mostrar en asamblea la situación financiera de la cooperativa, con el único fin de proponer por primera vez una ampliación de capital individual para solventar la situación arrastrada por la crisis. “Después de una votación, el socio, con mucho esfuerzo, no falló a su cooperativa y aprobó mostrando su compromiso”.
Pero lo que provocó mayor revolución fue la decisión de profesionalizar Comafe. En los últimos años los gerentes no disponían del poder de decisión necesario para liderar. La costumbre y la cultura que existían pasaba por un consejo rector que tomaba las decisiones. “Ellos lo hacían con la mejor intención y le dedicaban un tiempo y un esfuerzo valiosos, pero los socios somos ferreteros y no empresarios preparados para dirigir una compañía de este volumen”, explica.
Óscar y todo el consejo rector decidieron lo que supuso un antes y un después: profesionalizar completamente Comafe y esto implicaba posicionar al socio como un cliente más en la gestión diaria. Y únicamente como un socio o propietario en las asambleas.
Al mismo tiempo, Óscar presidió también Ancofe. Después de apenas un año de mandato, y tras estudiar las ventajas y lo que aportaba a las cooperativas, Óscar planteó cerrar Ancofe después de 40 años, al considerar que el proyecto había llegado a su fin.
En esos años, antes de asumir la presidencia de Comafe, no había buena relación entre las cooperativas de Madrid y Barcelona. “Existía un cierto ambiente hostil por los regionalismos, pero debido a la buena predisposición de los consejos rectores de Madrid y Barcelona, se atrevieron a proponer una fusión, que se desestimó, sin más, después de mucho trabajo, por motivos de inmuebles. Pero el proyecto no podía ser más ventajoso e interesante para todos”.
El salto a Aside y el sueño de Bestok
Tras su etapa en la cooperativa, Óscar decidió dejar su “Real Madrid de toda la vida” —como define a Comafe— para embarcarse en un proyecto puramente industrial dentro del grupo Aside, una organización “tremendamente seria y respetada”, pero focalizada en aquel entonces casi exclusivamente en las compras. Óscar llegó con la idea de crear un grupo de ventas.
Se puso en marcha Bextok, bajo su liderazgo. Aside contaba con el músculo necesario para crear la primera cadena de ventas industriales a nivel nacional. Los suministros industriales más serios y potentes de toda la geografía de España se unían para vender con un solo CIF, con marketing unificado y una sola enseña. “El potencial era ilimitado; sin embargo, el proyecto careció de recursos y de apuesta. Se seguía pensando más en comprar mejor que en vender”. Además, chocó con el individualismo del empresario español.
La bodega de la unión
Uno de sus mayores orgullos radica en un grupo de amigos del sector ferretero. Óscar actuó como impulsor de unas comidas y reuniones que comenzaron en la bodega de su casa, en las que se juntaba con sus competidores más directos y con importantes proveedores amigos. “Lograr unir a toda la competencia, conocernos bien y compartir ocio me hace sentir mejor”, reconoce con una sonrisa. “En este grupo, en el que soy uno más, tengo verdaderos amigos, sinceramente creo que es envidiable y que solo existe en Madrid”.
Este grupo hizo posible que se respetaran entre ellos, que no existiera una competencia desleal, que no intentaran captar a profesionales de su competencia. En definitiva, sin hablar nada de trabajo, se consiguió un respeto que perdura desde hace muchos años. “Hemos humanizado el sector desde la mesa de una bodega”.
Del secuestro al “momento dulce”
La vida de Óscar no ha estado exenta de sombras extremas. Sufrió un secuestro violento por parte de una banda organizada que le propinó “una paliza de muerte” en busca de dinero en efectivo. También ha superado un infarto y otros graves problemas de salud. De todas estas batallas salió con la misma actitud vitalista.
Tras vender Madriferr, asegura que lo que no dejará jamás es de recordar sus orígenes, el esfuerzo, la lealtad y la fidelidad de su equipo profesional.
“Son muchos los nombres que tendré siempre presente y muchas las personas que me mostraron su fidelidad, pero no quiero terminar esta entrevista sin nombrar los que comenzaron conmigo y aún siguen, como Miguelín, Goyo, Veky, Sandra, Javi Duque… y los que llevan décadas dirigiendo y siendo claves en la empresa, como Marisa, Rosana, Dani, Nina, Ismael, Sergio. También quiero recordar a otros amigos y profesionales que fueron personas incondicionales y aportaron muchísimo valor a la empresa, como Roberto, Paloma, Juan Manuel, Nacho Bullejos y Manolo Jiménez, entre otros”.
Con una mención especial para Sergio Miranda, que fue la persona en la que confió para profesionalizar Madriferr en 2017 y que significó un antes y un después. “A todos ellos y muchos más, siempre les estaré agradecido”.
Finalista del premio Txema Elorza por sus valores humanos, Óscar Madrid sigue siendo el hombre humilde que empezó con una ferretería de barrio siendo un niño. Sin alejarse del sector “porque nunca se sabe las vueltas que da la vida”, ahora ocupa ese vacío dedicando su tiempo a sus hijos, su pareja y sus amigos y prefiere que le recuerden como alguien que unió a la gente, sin maldad y con mucha pasión por las personas.














