Son propietarias de Merjo S.L, el negocio que fundó su padre, ya fallecido. Hasta tres traslados de herramientas y maquinaria han tenido que hacer para salvarlas del volcán. Las ventas han bajado un 80 %. "Todavía no hemos recibido ni una sola ayuda", asegura Jezabel a 'C de Comunicación'.
Tenían tres naves y un punto de venta; ahora sólo tienen el punto de venta y una de las naves, pero la nave (que también era un punto de venta) se encuentra dentro de uno de los perímetros de seguridad establecidos en torno al volcán y de momento está inutilizable.
Las hermanas Jezabel y Naira Concepción Lorenzo, propietarias de Merjo S.L, creen que lo poco que les queda de la empresa familiar que fundó su padre, ya fallecido, podrán conservarlo, pero la actividad del volcán de Cumbre Vieja, en la isla de La Palma, es imprevisible. No da tregua.
“Lo estamos pasando muy mal”, cuenta Jezabel, la hermana mayor, a C de Comunicación. Y es comprensible. Desde que se produjo la erupción, el pasado 19 de septiembre, su lucha para minimizar el impacto del volcán en su negocio ha sido contrarreloj.

“Ése es el almacén de Todoque, el que perdimos al principio”, explica Jezabel al enviar la imagen.
Primer paso: salvar la maquinaria pesada
El negocio de Merjo S.L, centrado en la venta de materiales de construcción, soluciones para la agricultura de la isla y productos de bricolaje y ferretería, contaba con tres naves (una en Todoque y dos en La Laguna); la ferretería, que permanece abierta, se encuentra en Los Llanos de Aridane.
“Cuando comenzó la erupción del volcán -recuerda Jezabel- le planteé a mi hermana que desalojásemos una de las naves, la más cercana al volcán, porque ahí teníamos toda la maquinaria pesada y, en caso de que nos dijesen que teníamos que evacuar rápidamente, no nos iba a dar tiempo”.
Naira pensó que su hermana “estaba loca”, pero desgraciadamente se equivocó. Aun así, hizo caso a Jezabel y comenzaron a desalojar la nave. “Cuando una de las lenguas del volcán ya empezó a acercarse, tuvimos que darnos más prisa“, cuenta Jezabel. A los cuatro días, la lava engulló el almacén, que se encontraba en Todoque. La maquinaria ya estaba fuera.
“En esa nave -prosigue Jezabel- fabricábamos herramientas para las plantaciones de plátanos, soluciones de riego… lo recogimos todo y lo trasladamos a una de las naves de La Laguna. Todoque ha quedado arrasado, el pueblo ha desaparecido por completo”.
Segundo paso: sacar los fertilizantes
En La Laguna contaban con dos almacenes: en uno de ellos tenían los fertilizantes, abonos y productos para el campo; en otro, las oficinas y el material de construcción. Desde ahí surtían a sus puntos de venta. La maquinaria pesada que tenían en Todoque la trasladaron a la nave donde tenían las oficinas.
Pero la lava del volcán siguió expandiéndose y llegó a La Laguna. “Cuando la colada se acercaba al almacén de los fertilizantes, había riesgo de explosión, por los gases y el calor… se podía producir una reacción -comenta Jezabel- y tuvimos que desalojar también esa nave”.
Y esa nave, como ocurrió con la de Todoque, también sufrió los efectos del volcán. De hecho, la colada se encuentra en estos momentos detenida en medio del almacén de las hermanas Concepción.

Imagen de la lava del volcán en el almacén de La Laguna.
Tercer paso: un nuevo traslado
Cuando ya tenían todo concentrado en el único almacén que se había salvado hasta el momento, les anunciaron que también tenían que desalojarlo. Pero Jezabel y Naira ya no disponían de otra nave para trasladar todo el material. Su agobio fue máximo hasta que uno de sus proveedores, y algunos alcaldes de la zona que hicieron llamadas para ver si había naves libres, les ayudaron.
Consiguieron encontrar un almacén en Breña Alta, al otro lado de la isla, y tenían que hacer un nuevo traslado. El tercero. Todo a contrarreloj para que lava no arruinase definitivamente su negocio. Y allí, a Breña Alta, han trasladado, con ayuda de vehículos que les han dejado y los suyos propios, la mayor parte de la maquinaria y los productos, a excepción de las herramientas más pesadas, que de momento permanecen en el único almacén que les queda, el de La Laguna.
“Tardamos más de una semana en llevar todo lo que pudimos -cuenta Jezabel-, y sólo parábamos una rato para tomar un bocadillo, había que darse prisa“. Pero todavía les queda la mitad del material. “De momento hemos decidido que la parte de tubería, que es la más pesada, se quedará en el almacén de La Laguna; al menos hasta que la amenaza sea inminente”, añade.
Caída de ventas y personal en ERTE
Al preguntarle sobre la situación actual de su negocio, Jezabel, que se muestra fuerte y con ganas de mirar hacia adelante, no puede evitar ponerse triste. Era el negocio de su padre, que falleció de manera repentina hace seis años. Las dos han luchado para que prosperase, y ahora Jezabel (39 años) y Naira (33), que está viviendo toda esta situación con un embarazo de pocas semanas, sienten que han perdido una parte de sus vidas.
“Las ventas han caído más de un 80 %, porque nuestro fuerte era todo lo que tenía que ver con la agricultura; el volcán se ha llevado fanegas y fanegas de plantaciones de plátanos”, dice, entristecida, Jezabel, que asegura que, tanto ella como su hermana, siguen “tirando del carro”, aunque tienen al 70 % de la plantilla en ERTE.

“Nuestros vehículos, trasladando todo”, indica Jezabel.
“No se están encauzando las ayudas”
Tienen la esperanza de que el rugido del volcán acabe pronto. Para seguir adelante están “tirando de ahorros” y Jezabel se queja de que todavía no se ha decidido “cómo encauzar” las ayudas. “No hemos recibido nada: ni de donaciones, ni de ayudas oficiales… y encima traen a turistas a ver el volcán, de forma gratuita, pero no les dejan que se queden ni el más mínimo tiempo en la isla, para que al menos dejen algo de dinero a la economía local, que lo necesita”, protesta.
Jezabel también tiene un mensaje para los medios de comunicación: “Se están centrando en la gente que ha perdido sus casas, pero pocos reflejan la pérdida de negocios. “Esta zona -advierte- es el motor económico de la isla, y esta zona se está muriendo“.
Ella considera que las autoridades “no están haciendo nada” para ayudarles, “y estamos indignados, porque es muy triste que se pierdan las viviendas, pero, como decía mi padre, el negocio te da casa, pero la casa no te da un negocio”. Y con esa reflexión concluye, y con el agradecimiento de que C de Comunicación “dé visibilidad a la realidad tan dura” por la que está pasando.
















