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No hay nadie imprescindible en la ferretería

Tengo tantos ejemplos de que los imprescindibles son prescindibles que a estas alturas me atrevo a asegurar que no hay nadie imprescindible en la ferretería. El primero, yo. Cuando próximamente pase a la reserva, a los pocos meses nadie se acordará de mi ni de mis post de los lunes. Y si se acuerdan, será convencidos de que tiempos pasados nunca fueron mejores.

Así se escribe la historia. Todos somos necesarios, pero, imprescindibles, ninguno. En ningún ámbito profesional, en ningún eslabón de la cadena de valor. La vida sigue a pesar de las deserciones o los óbitos. “No es nada personal, son negocios” ¿Se acuerdan de esa frase? Pues eso.

Reunión de antiguos imprescindibles

En las reuniones de antiguos imprescindibles, nos contamos historias de otros imprescindibles que dejaron de serlo. Y nos reímos de habernos creído nosotros también imprescindible en ciertos momentos de nuestra carrera profesional.

Dos o tres veces al año, Javier Barrio y yo tenemos la oportunidad y el placer de reunirnos en torno a una mesa con viejos rockeros de la ferretería. Muchos ya jubilados, otros en la recta final de nuestra carrera profesional, unos pocos todavía con recorrido. En esas largas comidas y sobremesas repasamos antiguas historias del sector que conocemos de primera mano o que son del dominio público, que afectan a personas que en aquellos momentos consideramos imprescindibles.

En la mayoría de los casos -ya saben que la excepción confirma la regla- las empresas han seguido su camino más allá de los personajes que en un determinado y puntual momento fueron claves en su supervivencia o desarrollo. Hasta ahí podemos llegar a sentirnos imprescindibles: en un momento puntual y en circunstancias muy concretas. Luego, la vida sigue y pasamos de moda o simplemente alcanzamos nuestro nivel de incompetencia.

¿Os acordáis de fulanito, que parecía Dios? Ahora nadie se acuerda de él, o lo hace con una imagen distorsionada por el tiempo y la acumulación de informaciones y desinformaciones no siempre bienintencionadas.

Un poco de humildad

Los que se creen imprescindibles adolecen, en general, de los mismos defectos: autosuficiencia, prepotencia, displicencia, orgullo… Piensan que la empresa es lo que es gracias a él y que “después de mí, el diluvio”.

Los que admiten el axioma de los imprescindibles, entran en una dinámica de profecía autocumplida. Les hacen imprescindibles por dejación o comodidad, por miedo o por falta de autoestima. Los “imprescindibles” no se encargan de hacerles ver su error, más bien de confirmar su percepción. Así, cuando salgan de la compañía, se les echará de menos y todo se irá al garete. O eso piensan ellos.

La realidad es tozuda, sin embargo. Nombraré a algunos “personajes imprescindibles de este país” que han pasado a la historia o están a punto de hacerlo con una nota bastante más baja que la que es correspondería si de verdad hubieran sido imprescindibles: Juan Carlos I, Jordi Pujol, José María Aznar, Alfonso Guerra, Albert Ribera, Pablo Iglesias -el fundador de Podemos, no el de UGT-, Manuel Chaves, Esperanza Aguirre, Carles Puigdemont, Rosa Díaz, Juan José Ibarretxe…

La lista incluye a cientos de imprescindibles de la política, que han dejado un rastro plagado de sospechas de incompetencia o corrupción que nos recuerdan que un poco de humildad no vendría mal. Tampoco hay nadie imprescindible en la ferretería; a pesar de que ha habido grandes personajes que han hecho mucho por modernizarlo y mejorarlo.

Los padres tampoco somos imprescindibles

En un sector donde las empresas familiares son legión, los padres tendemos a pensar que somos imprescindibles, que nuestros hijos o empleados no están a nuestra altura y que cuando la naturaleza nos quite de en medio la cosa se acabó.

Por eso la edad media de los ferreteros es alta, porque la mayoría de los propietarios prefiere morir con las botas puestas en vez de aceptar que con un buen plan de relevo, podría conseguir la sostenibilidad del negocio familiar, cuando no mejorarlo y desarrollarlo.

Claro que los hijos no son como nosotros; menos mal. Que tienen otros criterios, otros objetivos, otras expectativas de vida. Como nosotros respecto a nuestros padres y abuelos. Se llama evolución.

Pero los padres imprescindibles acaban pareciéndose a la reina Isabel II de Inglaterra, que para cuando abdiquen, sus hijos estarán como el heredero del trono británico, Carlos, quemado y a punto de jubilarse.

Recuerden, no hay nadie imprescindible en la ferretería.

Feliz semana.

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jose manuel garcia valero
jose manuel garcia valero
11/07/2022 15:47

Buenas tardes, algo deberiamos nunca olvidar ( la experencia es un grado ) estos
SEÑORES han corrido con lo mas grande,han toreado en todas las plazas, han sacado el capote y un largo e,t,c,
un refran ( la desgracia del listo , es que siempre habra un tonto para enseñarle )
nunca renuncies (al que ha amado y disfrutado de su profesion )
por desgracia hoy en dia es tal cual, posiblemente cuando pase el tiempo recordaremos a aquellos profesionales como la copa de un pino
ELLOS HAN SIDO PARTE, DE LOS QUE AMAMOS LA FERRETERIA

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