Ferretería Trillar, el suministro industrial mejor valorado de Aragón, es mucho más que un negocio familiar fundado en 1950. Es un legado de esfuerzo, cercanía y confianza que ha sabido mantenerse en pie durante tres generaciones.
Fundada en 1950 por Evelio Suero, Ferretería Trillar es mucho más que un comercio local. Es un símbolo de resistencia, un referente de servicio y un ejemplo de cómo los valores familiares pueden sostener una empresa durante generaciones.
En Ejea de los Caballeros, un pueblo zaragozano con apenas 16.000 habitantes y hasta ocho ferreterías, Trillar se ha convertido en el suministro industrial mejor valorado de Aragón. ¿Cómo se logra algo así? Escuchando a Ana, nieta del fundador y actual responsable junto a su marido, Pep, se entiende rápido: esto va de personas.
Del rodamiento al cliente de toda la vida
Evelio Suero fundó la ferretería en 1950. Por entonces, vendía principalmente rodamientos y maquinaria de bella. Era el comienzo de una aventura empresarial que, sin saberlo, iba a sembrar un legado duradero en Ejea de los Caballeros, un pueblo agrícola, trabajador y tan competitivo como generoso. Hoy, Ana, tercera generación de esta familia ferretera, recuerda con cariño esa historia que le contaron sus padres.
Ambos ingenieros agrónomos, dejaron a un lado su formación para dedicarse de lleno a la ferretería, que ya había ampliado su gama de productos mucho más allá del rodamiento. “Es una ferretería de pueblo”, explican Ana y Pep, “pero con muchísimo material, y una cosa muy clara: aquí se viene a que te solucionen los problemas”.
Un suministro industrial… y emocional
Ferretería Trillar, que pertenece a Coferdroza, no sólo es uno de los suministros industriales más completos de la zona. Es también un espacio donde el cliente sabe que será escuchado. Pep lo tiene claro: “Nosotros solucionamos las papeletas de todo. A veces lo que vendes no es el producto, sino la tranquilidad”.
Eso se nota en pequeños detalles. Desde el horario —de 7 a 19 sin cerrar al mediodía, aunque rara vez se baja la persiana a su hora— hasta los fines de semana en los que suena el teléfono a las diez de la noche. “Oye, que me falta un tornillo”. Y ahí están.
“Nos ha pasado como a muchos: vienen a tocar al timbre de casa. Es lo que tiene el pueblo. Antes mi padre tenía que abrir la ferretería los domingos. Nosotros ya no lo hacemos, necesitamos algo de vida, pero no quita que estemos casi siempre disponibles”, subrayan Ana y Pep.
Valores que no caben en una factura
El mayor legado de Paco y Ana —padres de Ana— no está en las cifras. Está en el trato. En su ferretería, el cliente siempre tuvo la razón, incluso cuando no podía pagar.
“La teoría de mi abuelo era: si no puedes pagarme hoy, ya me pagarás mañana. Pero tú cómprame tranquilo”. Esa forma de entender los negocios, tan humana y tan rural, ha sobrevivido al tiempo. “Hoy es más difícil”, admite Ana, “porque hay quien se aprovecha, pero seguimos en esa línea. Y la verdad, impagados apenas tenemos”.
Ese nivel de confianza sólo se consigue cuando hay una historia detrás. Cuando sabes que quien te atiende ha crecido viendo cómo su familia anteponía el servicio a los márgenes.
“La teoría de mi abuelo era: si no puedes pagarme hoy, ya me pagarás mañana“.
Ana Trillar, gerente de Ferretería Trillar.
El relevo generacional, con tiempo para vivir
Una de las decisiones más importantes que tomaron Paco y Ana fue la de no repetir algunos errores del pasado. Cuando contrataron a sus hijos, les dejaron algo claro: “En el momento en que tengáis hijos, primero están ellos. Venís a trabajar vuestras ocho horas, pero no os olvidéis de que hay vida fuera de la ferretería”.
Es el equilibrio que muchas empresas familiares no consiguen encontrar. “Mi padre no estuvo nunca en una fiesta de cumpleaños. No vino a buscarnos al colegio. Yo sí lo he hecho con mis hijas. Y eso también forma parte del legado”.
Sin personal formado… y sin gente que quiera trabajar
La mayor queja no viene de los números, ni siquiera de Amazon. Viene de algo mucho más difícil de resolver: la falta de relevo en el equipo.
“Ahora mismo somos 11 personas. Si fuéramos 15, también tendríamos trabajo para todos”. Pero no hay personal formado… y tampoco muchas ganas. “Nos vienen diciendo que sólo quieren trabajar algunos días, que quieren cobrar tanto… y cuando haces números con la Seguridad Social, no salen”.
En verano tiran de familia: la hija mayor y un sobrino ayudan en campaña alta. “Aquí en verano viene mucha gente de los pueblos de alrededor. Se me ha roto un enchufe, necesito esto o aquello. Y ahí estamos”.
De los tornillos al corazón de Ejea
Con una clientela que va desde el agricultor al vecino que necesita lejía, pasando por empresas industriales, Ferretería Trillar ha sabido adaptarse sin perder su esencia. Venden de todo, pero sobre todo, venden confianza. Como explica Pep, “es que aquí sabemos que el que viene, necesita una solución. Y nosotros nos la tomamos como si fuera nuestra”.
Ese espíritu es el que los ha convertido en el suministro mejor valorado de Aragón. Y no por campañas de marketing, ni por precios gancho. Por estar. Por responder el teléfono a las diez. Por abrir el domingo si hace falta. Por decirte: “si hoy no puedes pagarme, me pagarás mañana”.
Ferretería Trillar no es una tienda. Es un hogar con mostrador. Y eso, ni Amazon, ni la competencia, ni los tiempos, se lo pueden quitar.
Preguntas rápidas
¿Cuál es el producto más curioso o inesperado que habéis vendido?
Han pedido de todo. Tampones, compresas… Antiguamente era una ferretería y droguería. Tenemos hasta desodorante, champú. Tenemos muchos artículos, porque los de las granjas cercanas y otros profesionales nos lo piden. A otros suministros les suele sonar raro, pero a nosotros nos parece más normal.
¿Alguna anécdota divertida o memorable con un cliente?
Anécdotas hay mil y una. Antiguamente teníamos una ferretería en el centro del pueblo y la gente mayor nos pedía un tornillo para su armario. Nos decían: “sí, hija, para mi armario, ¿cómo no vas a saber cuál es mi armario?”. O venían y nos pedían lo que anunciaban nuevo por la televisión.
Defina su suministro en tres palabras.
Ana: “De lo mejor”.
Pep: “Stockaje y los más simpáticos”.
¿Tenéis alguna costumbre o tradición interna que se mantenga desde hace años?
Mi padre los sábados siempre hacía un pequeño almuerzo para los trabajadores y venía más gente del pueblo, porque sabían que había comida. Había un trabajador que hacía las tortillas, traía el jamón…
Y desde la pandemia, como no había nada abierto, empezamos con una merienda los viernes sólo para los trabajadores.










