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Ferreteros contra ferreteros, una guerra estúpida

La historia reciente de la ferretería española está repleta de casos en los que dos ferreterías del mismo pueblo, del mismo barrio o de la misma calle se han pasado décadas compitiendo a cara de perro y echándose la culpa mutuamente de todos sus males.

Socios de Coinfer contra socios de Cofedeva;  de Cofac contra Cifec; de Cofedas contra  Las Rías; de Cadena 88 contra Ferrobox; de Aside contra Gesín; de Unife contra Iruña… y viceversa.  Todos disparando contra todos, pensando que el mal ajeno sería su propio bien. De tanto repetirse, la situación ha llegado a parecer  normal y lógica, a pesar de que ejemplos como las fusiones de Fac y Cofeca o de Iruña y Vascofer habían demostrado que casi siempre es mejor colaborar que competir con los que son nuestros iguales.

Esta lucha fratricida que se ha dado –salvo honrosas excepciones- por todo el mapa español, ha acabado convirtiéndose en uno de los factores más negativos para el desarrollo del canal llamado tradicional de ferretería y bricolaje, ha enquistado situaciones que eran perjudiciales para ambos contendientes, sacrificando rentabilidad y resultados, y ha desenfocado el verdadero problema, que era la imparable presencia de nuevos canales comerciales que venían a comerse parte o todo su negocio.

El advenimiento de la crisis ha puesto de manifiesto y de la forma más descarnada posible que las cosas no podían seguir así, que el todos contra todos de la ferretería tradicional a los únicos que beneficiaba era a los hiper generalistas, a las medianas y grandes superficies de bricolaje, o a los bazares chinos. En este nuevo contexto hemos visto acercamientos, alianzas y fusiones antes impensables y aunque no todas han salido bien, lo cierto es que se ha abierto camino, por fin, la idea de que es mejor colaborar con nuestro igual que partirnos la cara en beneficio de un tercero.

El último ejemplo de esta historia de enfrentamientos entre ferreteros –los de Cofac contra los de Cifec y viceversa- está a punto de pasar a mejor vida y, en mi opinión, todos deberíamos felicitarnos de que proyectos como QF+ prosperen y se consoliden. Y lo mismo podría decirse de NCC o Profer. De su evolución depende que se entierre de una vez por todas el hacha de guerra entre ferreteros y se pase a un escenario en el que la colaboración, los acuerdos, las alianzas y el buen sentido se impongan, por el bien de los supervivientes.

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