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La incertidumbre

No pasemos del estado de alarma al estado de vergüenza. La incertidumbre es lo más temido por los economistas. Para intentar minimizarla, se elaboran presupuestos, planes de contingencia, escenarios posibles… Pero es imposible prever las catástrofes naturales o, como en la situación actual, una pandemia de la magnitud de la que tenemos (imagínense lo que son estas dos situaciones seguidas, como ha pasado en zonas de España con las inundaciones del pasado mes de enero).

Mientras el coronavirus se extendía por China, en Europa y, en general, en todo Occidente lo veíamos muy lejos y con una cierta, aunque ligera, preocupación. Cuando llega a Italia, en muchas empresas españolas se empiezan a elaborar escenarios y planes que permitan vislumbrar cómo pueden aguantar las empresas según se vaya desarrollando los acontecimientos. Es previsible que los diferentes gobiernos, que tienen más y mejor información, y probablemente más personal, hicieran lo mismo… o no.

El día 11 de marzo se cierran los centros educativos y en muchas empresas se empieza con la experiencia, nueva en muchas de ellas, del teletrabajo. Y la incertidumbre empieza a crecer y se dispara el sábado 14 de marzo con la declaración del estado de alarma. Tres días después, el 17 de marzo, el presidente del Gobierno comparece para presentar “la mayor movilización de recursos de la democracia”, 200.000 millones de euros, y anunciar que los ERTE en las empresas que se vean afectadas por el estado de alarma, en la práctica casi todas, tendrán carácter de fuerza mayor (minuto 14:35 del vídeo distribuido por Europa Press).

Algunas certezas

Ya tenemos certezas. La primera es que las cuentas públicas deben estar muy mal para que el Estado solo pueda poner sobre la mesa 17.000 millones y no pueda, por ejemplo, condonar o minorar los impuestos que se tienen que pagar el 20 de abril (con el efecto inmediato que esto tiene en la liquidez de empresas y autónomos). Y la segunda e importantísima, que el Estado está dispuesto a pagar el 75 % del salario y las cotizaciones sociales de la gran mayoría de los trabajadores del país (es lo que suponen los ERTE por fuerza mayor) durante seis meses como máximo.

Del anuncio del presidente a lo publicado en el decreto ley de 17 de marzo, ya hay diferencias. La letra pequeña difiere de la música presidencial y restringe el acceso a los ERTE por fuerza mayor a las empresas y sectores cuya actividad se haya cerrado totalmente como consecuencia del decreto de estado de alarma. Los demás, tendrán que ser por causas económicas, menos beneficiosos para las empresas y de más larga tramitación. Pero quedan los avales, que indudablemente ayudan, y mucho, a que se pueda conseguir liquidez.

El crédito llegará despacio

Probablemente hoy, 30 de marzo, trece días después de la declaración del estado de alarma, las entidades financieras puedan poner a disposición de sus clientes los primeros 20.000 millones de estos créditos (10.000 millones para pymes y autónomos), que estarán avalados por el Estado para estos colectivos en el 80 %. Las condiciones dependerán de cada entidad crediticia. El 20 % de los créditos que se concedan serán riesgo para los bancos y estarán sujetos a la normativa del Banco de España sobre morosidad. Por lo tanto, aunque haya flexibilidad por parte de las instituciones financieras, las operaciones no se concederán de forma inmediata, ya que conllevará un estudio del riesgo, y es poco probable que haya “barra libre” de liquidez.

Al final, el crédito llegará a las empresas y a los autónomos, aunque no con la rapidez que nos gustaría. El tipo de interés no será obstáculo para acceder a ellos (aunque la subida de la prima de riesgo lo encarecerá algo).

Detrás de las empresas y de los autónomos, también hay personas y familias. No son entes abstractos. Se habla de ayudas a los alquileres de viviendas, que está muy bien que se ayude, pero, ¿y los alquileres de locales de negocio, oficinas….? Los empresarios en España no parece que en determinados círculos tengan buena imagen y, por ejemplo, ya no se les llama así, ahora se les dice emprendedores. No nos olvidemos que también son los empleadores.

Señora Ministra de Trabajo, ningún empresario, ningún autónomo con personal, se relame todas las mañanas pensando en la gente que va a despedir (por cierto, es mentira que haya prohibido los despidos, solo los ha encarecido). Y al virus lo terminarán venciendo los científicos, pero al país tendrán que ayudar a levantarlo los empresarios, los autónomos y todos los trabajadores que puedan contratar.

Incertidumbre

¿Cuál es la responsabilidad de las empresas?

Las empresas también tienen responsabilidad a la hora de reducir la incertidumbre. Uno se puede preguntar lo mismo que al referirnos al Gobierno. ¿Tan mal están las cuentas de las empresas para que no aguanten al menos un trimestre? Pocos responsables empresariales esperaban grandes alegrías de este año 2020. Más bien se esperaban cifras de negocio similares a 2019. Pero se viene de años de cierta bonanza, con sólidos beneficios y bajo nivel de endeudamiento. Al elaborar los presupuestos, se tienen previstos siempre gastos comerciales de viaje, relaciones públicas, promociones…. y pequeños “colchones “ para contingencias. No dejen de utilizarlos por precaución y así podrán ayudar a sus clientes y proveedores. Y, si pueden y tienen acceso fácil al crédito, endéudense un poco más y colaboren a que nadie colapse. 

El sector privado, en general, se encuentra mejor preparado en esta crisis que en el año 2008. No es la misma crisis. En aquella no se compraba, porque no había dinero y ahora no se compra porque no se puede salir a comprar. Esperemos que no tenga las mismas consecuencias.

En época de incertidumbre, hay que seguir el instinto empresarial

Habrá un después de esta crisis. Unos dicen que se saldrá en forma de V, otros de U, otros de L… Parece que conocen el alfabeto. Ahora solo falta que sepan que con esas letras se construyen palabras, con palabras, frases y con frases, discursos. Y el discurso de su empresa y su sector lo conoce usted mejor que los gurús económicos. Miren en internet las previsiones económicas para este año de “opinadores”, institutos de estudios económicos… Todos muy acreditados y con estimaciones de caídas del PIB que van del 35 % al 2 % (o sea, no tienen ni idea de lo que va a pasar). Y recuerden que Lehman Brother, gran empresa con muchos años en el mercado, pasó en dos horas de la máxima calificación crediticia, dada por grandes expertos, a la quiebra, dando origen a la crisis financiera de 2008.

En esta época de incertidumbre, sigan su instinto empresarial y los conocimientos de su empresa y de su sector. Nadie lo conoce mejor que usted.

Es tiempo de sobrevivir en este presente lo más unidos y colaborativos posible e ir pensando en el futuro. No es época para “listillos” ni ventajistas y a estos habrá que pasarles la factura correspondiente.

Los poderes públicos, empezando por el Gobierno, tienen la obligación de ver esta lucha como una guerra y no como una batalla en la guerra (que son las próximas elecciones). Y con la ayuda de todos, empresas y trabajadores, conseguir que después del estado de alarma e incertidumbre se pase a una situación de normalidad y no a la vergüenza que supondría volver a caer en una crisis como la del año 2008 por una situación aparentemente coyuntural.

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Jokin
Jokin
03/04/2020 21:09

De entre todo lo que estoy leyendo ha sido de los artículos que más me han gustado. Sin tremendismos, sin ser un oráculo, con sentido común, con prudencia, … gracias.

Joaquín Candela
Joaquín Candela
02/04/2020 13:41

Muchas gracias, Marcos. Al final es posible que no estemos solos sino mal acompañados.
Cuídese mucho.

marcos
marcos
02/04/2020 12:05

Muy pero que muy buena descripción. Al final, prácticamente solos

Javier Barrio
Javier Barrio
30/03/2020 16:25

Magnífico artículo Joaquín. Gracias por poner un poco de luz para enfrentarnos a lo inexperimentado. Desgraciadamente los listillos se mueven bien en estos momentos. Lo curioso es que puedan seguir durmiendo a pierna suelta.

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