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La sangre de los pinos derramada

En Madrid todavía zumban las motosierras y huele a resina, a esa sangre de pino que se ha trasmutado en billetitos para todos los que venden herramientas eléctricas o manuales vinculadas a la poda. Fabricantes y distribuidores. Filomena nos trajo en enero medio metro de nieve, una semana gélida, buenas ventas para el sector ferretero -picos, palas, carretillas, motosierras..- y dejó 1/3 de pinos de toda la comunidad heridos. Una poda salvaje y sin miramientos los ha rematado y aquí ya se empieza, entre los ecologistas, a hablar de una nueva especie: el pino chupa chups. Los madrileños estuvimos una semana sin poder sacar los coches y correr al supermercado a comprar papel higiénico y la venganza no se hizo esperar. Con la inmejorable excusa de cortar las ramas peligrosas, un sinfín de funcionarios públicos -jardineros de los distintos ayuntamientos- se han encargado de cercenar sin miramientos a esta especie mayoritaria en la comunidad de Madrid.

La nueva especie, el pino chupa chups

Se estima que más de un millón de árboles habrán desaparecido de nuestros parques y calles para el próximo verano; de ellos nos acordaremos cuando caminemos bajo la canícula y el sol de agosto nos recuerde que el calentamiento del planeta es el mayor problema que debemos afrontar sin perder tiempo.

En la Casa de Campo todavía se aprecian los restos de la batalla

Resiliencia ferretera y necesidad de stockar

Para no parecer demasiado friki en este universo empresarial quiero contar que siempre alguna familia del sector ferretero sale indemne de las diferentes crisis. Cuando se hundió el Prestige en la costa gallega -2002- se pusieron las botas de vender hidrolimpiadoras y vestuario laboral para limpieza. En la bursátil -2009- la gente dejó de comer a diario en restaurantes y creció la venta de tuppers, fiambreras, carros de compra y todo tipo de menaje de cocina. En la pandemia el encierro en nuestras casas ha dejado buenos dividendos en todas las familias de producto vinculadas a la mejora del hogar. De Filomena ya he hablado. La variedad de productos que acapara el comercio ferretero le hace bastante versátil y resiliente a las crisis. La ferretería es un buen negocio pero, ahora más que nunca, hay que stockar. La inmediatez del formato online no deja alternativa.

Tengo la inmensa suerte de tener amigos que me trasladan el pulso del sector en cada momento. José Ramón de Stanley Black & Decker es uno de ellos. La semana pasada me hablaba de la evolución del histórico de pedidos desde la última crisis. “Antes del 2008 en las tiendas había siempre producto. Hasta la llegada del Covid se pedía por unidades cada vez que se vendía. Ahora, si no tienes stock, no vendes”

Una de las mejores fideuás de España se puede tomar en Gandía. Chef Amadeo.

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