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El eterno volver a empezar de Bextok

Por Iván del Dedo MartínResponsable de contenidos del área de Suministros Industriales

Hay ideas que, sobre el papel, tienen todo el sentido del mundo. Bextok siempre ha sido una de ellas. La única central de ventas del sector, un proyecto diferente, con ambición, que nacía para aportar volumen, eficiencia y una voz común a un sector demasiado atomizado. La idea era buena. Muy buena. El problema es que, con el paso de los años, la idea no se ha convertido en realidad.

Desde su inicio, Bextok ha vivido en una especie de búsqueda constante de identidad. Cambios de rumbo, ajustes, nuevas etapas que prometían ser la definitiva y que, una y otra vez, no han logrado consolidarse. No ha sido un proyecto estable ni previsible, y eso, en un sector donde el tiempo y la confianza son activos clave, pesa. Pesa para los socios, que han invertido dinero, pero sobre todo tiempo, energía y expectativas.

La pregunta, incómoda pero necesaria, es si para esos socios ha merecido la pena seguir apostando durante años por un proyecto que no ha terminado de carburar. No porque la idea no fuera válida, sino porque la ejecución no ha encontrado el camino. ¿Cuántas oportunidades necesita un proyecto para demostrar que funciona? ¿Dónde está la línea entre la perseverancia y la inercia? ¿Cuánto desgaste puede asumir una base social antes de preguntarse si el problema debe seguir alargándose o debe cortarse en algún punto?

La entrada de Cofan, que ahora adquiere el 100 % de Bextok, abre un escenario nuevo. Otro escenario nuevo, quiero decir, como hace un año. Y como el anterior. Y como el anterior. Y conviene decirlo claro: ojalá funcione. Ojalá Cofan sea capaz de ordenar, dotar de estabilidad y explotar una idea que sigue teniendo sentido en un mercado que necesita estructuras más sólidas. Cofan tiene experiencia, músculo y conocimiento del sector. Si alguien puede hacerlo funcionar, probablemente sea una organización así.

Pero el optimismo no debería borrar la memoria. Bextok no parte de cero, parte de una historia irregular, de bandazos estratégicos y de una sensación persistente de proyecto inacabado. Ahora la pregunta ya no es sólo qué será Bextok en manos de Cofan, sino qué lección deja todo lo anterior para el sector: no basta con tener una buena idea, hace falta constancia, coherencia y un rumbo claro sostenido en el tiempo.

Porque, al final, los proyectos no fracasan sólo por falta de visión, sino por no saber convertirla en algo estable. Y quizá Bextok, más que una central de ventas, ha sido durante años un espejo incómodo de algo que al sector todavía le cuesta: construir a largo plazo sin cambiar de camino cada pocos kilómetros.

Hoy recomiendo “Donde habitan las sirenas”, de María Martínez, un libro que habla de las ausencias, de lo que se rompe por dentro y de todo lo que aprendemos cuando nos atrevemos a mirar el dolor sin ruido.

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