El término incertidumbre ha sido, desde hace varios años, la respuesta común para lanzar cualquier vaticinio. Incluso utilizado a modo de contragafe, como si el optimismo sin matices pudiera estropear los números a final de año. Entonces incertidumbre significaba simplemente eso: no saber si algo podía pasar. Ahora sabemos que algo va a pasar, aunque no sepamos exactamente qué, cuándo ni dónde.
De hecho, el sector atraviesa en estos momentos una de esas sacudidas, especialmente entre los proveedores. “Es insostenible”, me reconocía al teléfono un proveedor del sector al hablar del encarecimiento sistemático de las materias primas. “Los directores comerciales están desesperados por cómo gestionar las subidas de tarifas”, me aseguraba también un representante multicartera.
La subida de algunas materias críticas para la fabricación de herramientas (como el tungsteno o wolframio, el cobalto o determinadas aleaciones), pero también componentes químicos de todo tipo, se ha sumado a un contexto geopolítico que encarece la energía y el transporte. El resultado es una cadena de costes cada vez más difícil de absorber.
La incertidumbre se ha instalado de forma permanente en las empresas. Ya no se trata de preguntarse si habrá una nueva crisis, sino de asumir que llegará alguna. Esto obliga, más que nunca, a hablar de gestión del riesgo. Desde el proveedor hasta el comercio final.
Por eso las empresas del sector ya están obligadas a vivir en el simulador de vuelo. Ese espacio en el que hasta el comandante más experimentado prevé todos los escenarios posibles, incluso los más catastróficos, y cómo reaccionar antes de estrellarse.
Por eso toca hacerse preguntas: ¿qué pasa si mi proveedor falla, si el transporte se encarece, si una materia prima se dispara o si tengo que cambiar la tarifa en mitad del año? ¿Tengo proveedores alternativos? ¿Cómo explico una subida de precios? ¿Qué parte de la subida puedo absorber antes de erosionar el margen?
El mundo ha entrado en un escenario tan convulso (y del que no parece que vayamos a salir en el corto plazo) que la adaptabilidad, la agilidad en la toma de decisiones e incluso la intuición serán claves para la estabilidad de las empresas.
La incertidumbre ya es la única certeza y la nueva normalidad del día a día. Toca echar horas en el simulador.










