Que un negocio sobreviva al paso de los años y de las generaciones siempre es una gran noticia. No es sencillo mantener el pulso durante décadas, no digamos ya cuando nos adentramos en centenarios. Los legados, a priori, son siempre positivos. Pero este término puede esconder también una trampa peligrosa.
Los jóvenes ferreteros que ahora toman las riendas de los negocios que otrora fueron de sus padres o abuelos están obligados, de alguna forma, a romper con el legado. O al menos a cuestionarlo. No es fácil asumirlo ni mucho menos ejecutarlo, pero detrás de los negocios familiares históricos a veces se esconde una reticencia de las generaciones anteriores a hacer evolucionar el propio negocio.
Con el legado por bandera, no son pocos los propietarios cercanos a la jubilación que todavía suponen una barrera para las nuevas generaciones concienciadas con la venta online, la digitalización en tienda, la visibilidad de marca en redes sociales o la remodelación integral de los establecimientos.
Para tocar o incluso revolucionar la forma en la que se han estado haciendo las cosas en la ferretería hace falta arrojo. Y esto no siempre es fácil. Muchos de los jóvenes ferreteros nos transmiten algunas de las dificultades con las que se encuentran, y que incluso pueden convertirse en puntos de conflicto generacional.
Legado como tradición, no como inmovilismo
Cuando arranquemos la X Jornada de Jóvenes Ferreteros este jueves 14 de noviembre conoceremos las historias de muchos ferreteros que han entendido el legado como tradición, no como inmovilismo. Que comprenden los pilares que han llevado al éxito a sus negocios, pero que están dispuestos a tocar las teclas necesarias para hacerlos evolucionar en un contexto tan retador como el actual.
Escucharemos las valiosas experiencias de los ferreteros que opten al Premio Mejor Joven Ferretero 2024 sobre cómo están haciendo crecer sus ferreterías, e incluso contrastaremos opiniones entre padres e hijos sobre lo que se supone acometer el relevo generacional.
Será, como siempre, revelador. Y comprenderemos cómo los legados ferreteros deben servir siempre como trampolín y nunca como obstáculo.










