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Una historia (muy particular) de la ferretería

Solo la casualidad (o quizás no) ha querido que yo termine escribiendo en un medio, y en particular en un área, que se dedica a informar sobre la ferretería. Tiene su gracia -y así lo digo en la descripción que acompaña este espacio- que ahora esté dentro de un sector al que yo ya pertenecía antes de llegar aquí. Que siento tan propio como solo se siente aquello que apela a las raíces.

Desde que tengo uso de razón he pasado buena parte de los domingos en la ferretería que ahora mis padres, y antes mi abuelos, tienen en el histórico Rastro, uno de los mercados populares con más solera de Europa. Llegó a tener hasta tres ferreterías, en la misma zona, que fue legando a sus hijos.

Por mi casa circulaban folletos con ofertas y había ‘paquetitos’ con tornillos y tuercas. De cuando en cuando, acudía junto a mi padre a enormes almacenes ferreteros, de los que ahora informo, a por mercancía para vender los domingos. Y mi padre, junto a mi abuelo, recorría ferias sectoriales -a las que ahora asisto- a lo largo y ancho de España, hablando con proveedores, comerciales…

Era un negocio familiar que arrancó mi abuelo cuando joven, y que fue construyendo a base de mucho trabajo, de consolidar a una clientela y de detectar oportunidades. Esa intuición que hace prosperar las empresas.

La ferretería daba entonces mucho dinero -todavía lo sigue dando-. Luego llegaron las grandes cadenas del bricolaje, que abren los domingos, y luego llegó Internet, que nunca cierra. El impacto fue evidente, aunque no catastrófico, y todavía es un negocio con futuro.

Así que ya había vivido el impacto de las grandes superficies de bricolaje en el comercio de proximidad mucho antes de informar sobre ello. Y entendí cómo la omnipresencia y la comodidad de lo digital afectan a los negocios tradicionales mucho antes de hablarlo con unos y otros.

Esta es una historia muy particular, de esas casualidades que pocas veces ocurren, para explicar que en C de Comunicación no solo informamos del sector, sino que nos implicamos en él. Que formamos parte de él. Que cuando decimos que nuestro propósito es que el sector avance no son ocurrencias ni caprichos. Es un compromiso y, en algunos casos, una cuestión de familia.

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