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Día Internacional de la Mujer: hablan las ferreteras

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, hemos hablado con dos ferreteras de reconocido prestigio en el sector: Marta Keerl y Rocío Fernández. Esto es lo que nos han contado.

Marta Keerl y Rocío Fernández forman parte de dos generaciones distintas de mujeres ferreteras. Marta tiene 59 años; Rocío, 39. Ambas llevan décadas dedicadas al sector y hoy, con motivo del Día Internacional de la Mujer, hemos hablado con ellas para desentrañar su día a día, y analizar, a través de sus ojos, cómo ha evolucionado el papel de la mujer en el ámbito de la ferretería. 

Para las dos los comienzos no fueron fáciles, sobre todo para Marta, ganadora del premio Txema Elorza en 2019 a los valores profesionales y humanos. Mientras estudiaba diseño de interiores decidió hacerse cargo de la ferretería que tenía su padre "como segundo negocio". Así ganaba "un dinerillo" que le venía bien en su etapa como estudiante. "Tenía 28 años -cuenta a C de Comunicación-, y en aquellos tiempos, hace más de 30 años, los señores que venían a la tienda nunca creían en mi palabra".

Marta Keerl, dueña de la ferretería barcelonesa con el mismo nombre, recuerda que, al producirse esas incómodas situaciones, ella llamaba a un compañero, y admite que le daba "igual", con tal de vender. "En aquella época era muy raro que una mujer estuviera al frente de una ferretería". Pero nada se le puso por delante. "En un primer momento -prosigue-, compaginé el diseño de interiores con el negocio familiar, pero luego ya me decidí por la ferretería... y no me arrepiento". De hecho, asegura que le han "venido muy bien" sus estudios, "porque siempre he aplicado mis conocimientos de diseño de interiores a la tienda, y nos ha funcionado muy bien", reconoce.

"Cuando llegaba un señor me decía que avisase a un compañero"

También Rocío, aunque es más joven que Marta, encontró dificultades cuando comenzó a trabajar con GSI en su ferretería de Lalín (Pontevedra). "Yo estudiaba un ciclo formativo de Administración y Finanzas, y mis prácticas las hice con GSI", comenta. Su perfil gustó y decidieron quedarse con ella para llevar la tienda de Lalín. Hace 20 años de ese momento "y al principio me pasaba como a Marta -recuerda-, que cuando llegaba un señor me decía que avisase a un compañero para que le atendiese". "Pero un día dije: Hasta aquí".

Entonces, Rocío se plantó y ya no avisaba a nadie; era ella misma la que atendía, les gustase o no. "Lo curioso, y así es como tiene que ser, es que ahora los clientes vienen y preguntan por mí directamente", dice sonriendo. "En GSI siempre se han preocupado por mi formación como ferretera, los proveedores también ayudan en esa formación, y yo estoy muy agradecida", continúa. Por ello, tanto para Rocío como para Marta, la profesionalidad no va ligada a una cuestión de género.

"Yo soy de la opinión de que hay que poner en un puesto determinado a alguien que valga, independientemente de que sea hombre o mujer", subraya Marta. Tanto ella como Rocío han demostrado que su profesionalidad está ligada a una formación continua, al amor por su trabajo, al deseo de aprender cada día... y a su valía como 'asesoras' en el ámbito de la ferretería. Son mujeres, ¿y qué? Saben hacer su trabajo, y eso los clientes lo reconocen.

Ya no son una rara avis en las ferreterías

Aunque Marta admite que, a día de hoy, todavía algún hombre desconfía de sus conocimientos por el hecho de ser mujer, "cada día son menos los que actúan así", se congratula. De hecho, a su ferretería, en la que cinco de los nueve empleados son mujeres, "suele venir mucha gente joven", una clientela que ya no ve a la mujer ferretera como una rara avis.

"Hemos evolucionado mucho, afortunadamente", señalan tanto Marta como Rocío. Pero ambas coinciden en lanzar el siguiente mensaje a las mujeres que ya están, o que quieren entrar, en el negocio de la ferretería: "Deben formarse, deben actualizarse, y no deben acomodarse, en el sentido de que sólo quieran vender productos (por ejemplo de menaje) con los que se sientan cómodas; el esfuerzo y los conocimientos nos permitirán hacer cada día todo lo que nos propongamos, y no debemos ponernos límites, porque estamos perfectamente capacitadas para vender cualquier producto que esté en un ferretería".

Marta y Rocío son "capaces", y así lo reivindican, de vender un taladro, una herramienta o cualquier producto que esté en sus tiendas, y asesorar sobre su uso, sobre su empleo. Conocen el sector, se están formando continuamente, les apasiona. ¿Alguien duda de que puedan hacer su trabajo igual que cualquier hombre? "Cuando está formada, defiendes cualquier producto", concluye Rocío, que hoy recibirá un premio, otro más (ya fue nombrada la mejor ferretera joven del año en la última edición de las Jornadas de Jóvenes Ferreteros), que pone de manifiesto su valía profesional, independientemente del género al que pertenece.

¿Crees que todavía hay quien prefiere ser atendido/a por un hombre en una ferretería?

Comentarios (1)

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Hace 13 años que llevo mi ferretería y, por desgracia, también hemos vivido esas situaciones (una vez, un hombre se marchó porque éramos mujeres atendiendo), costó que confiaran en nosotras (que somos 2). Hoy nos buscan y nos respetan, aunque de vez en cuando se cuela algún prehistórico que se dirige a nosotras como si fuéramos tontas.

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