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El viaje de Abdel: de estudiar español en Marruecos a regentar una ferretería en L’Hospitalet

Por Alejandro CentellasResponsable de contenidos del área de Ferretería y Bricolaje

A la vocación ferretera se puede llegar de muchas formas. Y por todo tipo de caminos. En ocasiones, por sucesión familiar; en otras, por puro azar. Incluso por vías más intrincadas capaces de conectar Nador, una ciudad marroquí que mira de frente al Mar de Alborán, con una emblemática ferretería de una travesía peatonal en L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona).

Esta es la historia de Abdel, un marroquí de 29 años que desde hace uno está a los mandos de Ferretería Anwal, en el barrio de Collblanc. Un establecimiento de unos 170 metros cuadrados levantado sobre el legado de otra ferretería, Ferretería Tormo, que bajó la persiana en el verano de 2024.

Cuando Abdel atiende la llamada de C de Comunicación lo hace con un vocabulario pulido, aunque tamizado por un acento rifeño, producto de su integración en el país y de unos estudios avanzados en Filología hispánica que arrancó en su Marruecos natal y que le llevaron hasta España en 2019 -primero a Sevilla, después a Barcelona con una pandemia de por medio- para cursar un Máster sobre estudios europeos.

“En principio no era para aprenderlo solo para mí, sino porque era una carrera universitaria y luego podía enseñar español en Marruecos”, cuenta Abdel.

Fue en ese momento cuando se cruzó la ferretería en su camino como una vía para obtener ingresos y costear su estancia en España. Lo hizo como empleado en Ferretería Saloaun, un pequeño negocio de la localidad de Badalona (Barcelona).

“Trabajando, quieras o no, aunque no sea algo que hubieras pensado antes, siempre aprendes cosas. En la vida, cuantas más cosas aprendas, mejor. Hay que tocar un poco de todo”, subraya.

Si quieres crecer, tienes que arriesgar un poco”

Hace apenas un año dio el salto a su propio negocio tomando el testigo de una ferretería histórica y muy reconocida entre los vecinos de L’Hospitalet de Llobregat, que celebraron la vuelta de una ferretería de proximidad a sus calles.

En un sector donde el relevo generacional se ha convertido en una de las grandes preocupaciones, el caso de Abdel es singular. No procede de una saga ferretera ni hereda el negocio de sus padres, ni siquiera es un empleado histórico que por lógica decide adquirir el negocio. Pero representa igualmente esa nueva generación capaz de dar continuidad a establecimientos de barrio que, de otro modo, corren el riesgo de desaparecer.

“Antes, como empleado, hacías tu trabajo, tus horas, y te ibas. No tenías que preocuparte por alquileres, gastos, trabajadores, impuestos y todo eso. Ahora, claro, es diferente. Tienes más responsabilidad. Pero en cuanto al trabajo en tienda, la gestión del orden, la atención al cliente, cómo llevar el día a día… en ese sentido no ha cambiado tanto respecto a lo que ya hacía antes. La base ya la tenía”, asegura Abdel.

Lanzarse a la aventura empresarial con tan solo 29 años, en un país distinto y con un breve recorrido en el nicho ferretero tiene un componente de vértigo que Abdel resume así: “Si quieres crecer, al final tienes que arriesgar un poco”.

“Siempre he intentado ser una persona que no va a lo loco, sino que intenta analizar las cosas y ver qué opciones tiene. Podía haber tomado otro camino, quizás buscar algo en una oficina o hacer otra cosa. Pero dentro de las opciones que tenía, el mundo empresarial también era una posibilidad”, añade.

Una ferretería de proximidad y servicio al vecindario

Ferretería AnWar, a los mandos de Abdel y con la ayuda de otro trabajador, atiende principalmente al cliente particular. Al vecino de toda la vida. Aunque también cuenta con profesionales que se acercan a la ferretería.

“Lo que he notado es que muchos profesionales prefieren ir a las grandes superficies cuando tienen obras grandes. En ferreterías pequeñas como la mía, los profesionales suelen acudir más cuando están haciendo una obra y les falta algo concreto: una silicona, una herramienta, un pequeño material…”, razona.

La visión de la ferretería que tiene Abdel, en el ámbito de los profesionales, es la de resolver necesidades complementarias o de urgencia.

“Para llevar una obra de principio a fin necesitas muchísimo material y mucho espacio. En una gran superficie encuentras prácticamente todo. En una ferretería de barrio, por espacio, no puedes tenerlo todo. Pero sí puedes cubrir muy bien esas necesidades de proximidad, urgencia y complemento. El mercado es amplio y cada uno tiene su sitio. Cada uno tiene que saber dónde juega”, subraya Abdel.

Su visión resume bien el poder de la inmediatez, una de las grandes fortalezas de la ferretería tradicional. Frente a la amplitud de catálogo de las grandes superficies o la agresividad de precio de internet, el pequeño comercio conserva un territorio propio: la cercanía, el conocimiento del cliente, el consejo directo y la respuesta rápida.

Los retos de la ferretería

Hay algo que Abdel tiene claro, y es que el negocio de la ferretería tiene futuro. La letra pequeña son las dificultades y retos que rodean no solo a las ferreterías, sino también al pequeño comercio.

“En primer lugar, la competencia de las grandes superficies. Antes estaban más fuera de las ciudades, pero ahora muchas están muy cerca. Las tienes a 10 o 15 minutos, incluso menos”, explica.

Y, en segundo lugar, internet. “Ahí no puedes competir igual. Venden muchísimo, con precios muy bajos y márgenes mínimos. Una tienda física tiene otra realidad. Nosotros tenemos que mirar muy bien la relación entre lo que vendemos y lo que ganamos. Ellos pueden vender mucho y ganar poco por unidad; nosotros vendemos menos, pero necesitamos ganar un poco más para compensar los gastos”, sentencia.

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